Alejandra Aybar: quién te viera, quién te viera, más arriba, mucho más.

Por María Battle

Alejandra Aybar, atleta paralímpica de natación, desfila este 24 de agosto portando la bandera en la inauguración de los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. En sus manos, a un metro de altura, la bandera dominicana nunca estuvo tan alta. 

Los Juegos Paralímpicos son aquellos en los cuales participan únicamente atletas con alguna discapacidad. Son inaugurados después de los Juegos Olímpicos, en la misma ciudad anfitriona. En esta edición de los Paralímpicos, 4,537 atletas de 163 naciones van a participar en 540 eventos de 22 deportes.

“Eso de que lo que tengo es una discapacidad, es la gente que le dice así, para mí es simplemente mi realidad y lo ha sido siempre. Esta es mi normalidad y la natación era el único deporte que podía practicar por el bajo impacto que tiene en los huesos. Por eso digo que yo no elegí nadar, nadar me eligió a mí” cuenta Alejandra. Nació con un trastorno del crecimiento que se caracteriza por la formación ósea imperfecta llamado osteogénesis imperfecta o enfermedad de los huesos de cristal. Describe el momento en el que se dio cuenta que podía ser rápida nadando como un despertar a desafiarse cada día y ser mejor.

“Usted es la única persona que me puede ayudar en este país, ya yo averigüé todo” le dijo Alejandra a Francisco Bentz-Brugal, especialista en medicina de rehabilitación y medicina del deporte, cuando se conocieron a finales del 2019. Aybar buscaba ayuda porque la evaluación como atleta paralímpica para Tokio 2020 salió con un error y esa clasificación errática le afectaría su desempeño. Al reunirse con Bentz-Brugal, Alejandra le explicó su historia con la osteogénesis imperfecta. Le mostró fracturas que había tenido, y unas barras de metal implantadas llamadas ortesis, que aún llevaba en su cuerpo para poder sostener los huesos.

“Lo que más me impactó cuando nos conocimos fue su positividad” cuenta Bentz-Brugal. “Es una persona proactiva. Tiene un deseo de superar cualquier barrera, cualquier limitación que pueda darle esa enfermedad. Es más grande que todo eso. Y lo estamos viendo. Está en su destino lograr grandes cosas. Me siento feliz de haberle aportado un granito de arena, aunque conociendo a Alejandra lo hubiese logrado de cualquier forma”.

Bentz-Brugal dice que fue hablando con Alejandra que se educó sobre los retos que enfrentan las personas que practican atletismo paralímpico en República Dominicana. “No sabía que no contaban con médicos especializados en rehabilitación para los procesos de clasificación. Ahora que sí estoy al tanto puedo decir que aquí tenemos un grave problema con este tema”, explica.

Este es uno de los muchos obstáculos que enfrenta el movimiento paralímpico. Son retos completamente diferentes a los que experimentan quienes no tienen una discapacidad, como por ejemplo, las barreras actitudinales. Alejandra anhela que la gente les perciba como atletas reales y que aprendan a valorar el esfuerzo en vez de decirles que la tienen más fácil por la discapacidad. “Es todo lo contrario”, refuta, “competimos como lo hace cualquier atleta, a pesar de la discapacidad”.

Los días de entrenamiento los describe como largos y pesados. Comienzan en la piscina a las 7:15 am. Antes, se sienta en el bloque del carril que va a utilizar, para respirar sintiendo los rayos del sol. Se visualiza entrenando y dice conectar con el agua y con su interior. Esta meditación aleja sus temores y le ayuda a sentir que el agua es su elemento. Su ejercitación en el agua dura aproximadamente tres horas. Luego, descansa. Cinco horas más tarde, entrena en el gimnasio dos horas más. Una vez termina, comienza su última práctica del día, nuevamente en la piscina.

Aybar invita a las marcas a apoyar el atletismo paralímpico durante los entrenamientos, y no cuando ya hayan ganado medallas, pues es la preparación adecuada que eventualmente les lleva a ganar. “Ojalá algún día cercano nos vean como referencia, que entiendan que ser diferente no es ser feo, que no hay que tener una perfección física para recibir apoyo”.

La natación le dio la valentía de levantar su voz y luchar, no sólo por sus derechos, sino por los derechos de todas las personas con discapacidad. También, dice que nadar le dio confianza para amarse. “Cuando nado siento pura felicidad, el agua es algo único para mí, sentir mi rapidez, y no necesitar nada para desplazarme significa el mundo para mí. Yo aprendí a vivir en el momento que aprendí a nadar.  El agua es literalmente vida para mí.”

Antes de Tokio 2020, Alejandra ya había competido, y ganado, varías veces a nivel internacional. Su último triunfo fue la medalla de plata en los Juegos Para-panamericanos del 2019 en Perú. “Fue maravilloso, no sólo por haber ganado, sino porque el atletismo paralímpico y sus atletas tuvieron visibilidad y logramos recibir más apoyo de las instituciones. Lima marcó un antes y un después en la inclusión deportiva del país. Para mí siempre es una bendición competir y llevar mi bandera a sitios donde nunca antes había estado, y verla colgada sobre la piscina me infla el alma”.

Gracias al programa Creando Sueños Olímpicos (CRESO), conformado por empresas privadas, este es el año en el que la República Dominicana tiene su mayor número de para-atletas compitiendo en Juegos Olímpicos y por primera vez competirá en para-natación con Patricio López y Alejandra Aybar. En atletismo competirán Darlenys De la Cruz, con su guía Erick García, y Luis Vázquez. 

El atletismo paralímpico está cambiando la percepción de muchas personas, especialmente de aquellas que han tenido la oportunidad de ver atletas con discapacidad entrenar, o competir. 

Ahora, en su primera competencia mundial, Alejandra confiesa su más grande deseo: que la gente entienda que lo que crea la discapacidad son las barreras que impone la sociedad.

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