Cultura como eje estratégico nacional

Por Mario Dávalos

Existen varias formas de definir “cultura”, aunque en la historia reciente, el uso del vocablo tiende a limitarse a las artes y el entretenimiento. Aunque ambas cosas están contenidas dentro de lo que cultura significa, en su definición más amplia, no abarcan el alcance del término en una sociedad: cultura es un set de comportamientos, códigos, valores, creencias y símbolos, organizados jerárquicamente dentro de un colectivo, ya sea en una empresa, una familia o una nación.

La pandemia del COVID-19 y el reto que presenta para la reactivación del turismo también presenta una gran oportunidad de redefinir nuestra proyección hacia el mundo en un momento donde se fortalece la demanda de contenido cultural. La cultura tiene la capacidad de sostener el diseño de políticas publicas, fortalecer la relación país- ciudadanos y generar riquezas tangibles e intangibles.

Si es verdad que la cultura no puede cambiarse apretando un botón, también es cierto que podemos provocar un cambio gradual en los ingredientes que la componen y convertirla en un motor productivo para la sociedad.

Existen muchas maneras de comenzar esta conversación, pero proponemos tres puntos de partida:

1. La música como producto de exportación.

La re-valorización global de la cultura Latinx impulsada por el boom de la música, nos presenta una oportunidad importante, como país, para reconocer un nuevo producto de exportación: la música.

Por primera vez la música latina representa el 5to género más escuchado en los Estados Unidos, superando la música country, la electrónica y representando un mercado potencial de más de US$400MM* solamente en cuanto a “streaming” se refiere.

Reconocer y aprovechar esta oportunidad, tanto desde el sector público como del sector privado, tiene el potencial de:

a) Generar divisas
b) Usar el talento local como otra herramienta para eliminar la pobreza.
c) Promover una re-valorización de la nueva dominicanidad a través del reconocimiento internacional del talento criollo.
d) Impactar positivamente el turismo, con especial atención en el creciente turismo cultural.

Una iniciativa impulsada por el Ministerio de Cultura y dentro de la reciente tendencia de las alianzas público-privadas, existe la capacidad de crear un centro de capacitación para productores, ingenieros de sonido, músicos y compositores. También de brindar apoyo legal en registros de propiedad intelectual y comercialización internacional. Los grandes sellos musicales necesitan (y activamente buscan) nuevos talentos para sus catálogos y la República Dominicana tiene el potencial de ser uno de los principales proveedores del mundo.

*RIAA.com

2. Ciudad y gastronomía

Por segundo año consecutivo, la Academia Iberoamericana de la Gastronomía ha elegido a Santo Domingo como la Capital Gastronómica del Caribe, sin embargo la internacionalización de nuestra gastronomía (y de nuestra ciudad) todavía tiene un camino por recorrer para competir internacionalmente.

Ambas realidades, ciudad y cocina, crecieron al mismo tiempo. Una, alcanzando niveles de urbanización de un 85% en las última década, comparándose con las grandes capitales de América Latina y la otra, convirtiéndose en el centro de la vida social de la ciudad y aumentado el uso de restaurantes en un 300%* en el mismo período.

La gastronomía es uno de los aspectos más exportables y memorables de la cultura y nos brinda el potencial de construir una ciudad más atractiva, dinámica, segura (a mayor vida nocturna, mayor seguridad) y que entienda a las personas como “ciudadanos” y no simplemente “habitantes”.

Igualmente puede empujar el turismo gastronómico en la ciudad:

15-35% del gasto de los turistas se enfoca en gastronomía
59% de los turistas piensan que la gastronomía es muy importante 81% piensa que la gastronomía ayuda a entender la cultura
71% lleva productos gastronómicos de vuelta a casa
83% considera que la gastronomía genera impresión duradera 93% de los viajeros busca una experiencia gastronómica única

*World Food Travel Association

Convertir a Santo Domingo en un destino gastronómico de importancia global es una meta posible y cercana, si se encara desde un diálogo entre las autoridades (Asonahores y ayuntamientos), el sector privado y las comunidades (juntas de vecinos, barrios y ciudadanía).

3. Marca país.

Ante el resurgimiento de la conversación sobre el diseño e implementación de Marca País, nos parece prioritario que se contemple la dimensión cultural en la construcción de la misma. El diseño de una Marca País trasciende el turismo, pero bien ejecutada, lo protege y lo incentiva.

En nuestra opinión, el diseño de este proyecto debe contemplar los desplazamientos culturales de las nuevas generaciones y las interpretaciones de dominicanidad y orgullo patrio que las caracterizan (ver estudio “Los Z” realizado por Provokers). La contemporaneidad también puede ser un valor nacional.

Marca País debe ser una representación visual, narrativa, clara y fresca de la dominicanidad, que no se limite a las lecturas de identidad del pasado pero que

reconozca el valor de las tradiciones. Una dominicanidad dinámica, que abarque identidad colectiva, folclor, gastronomía, recursos naturales, historia, civismo, estructura sociológica y legado artístico. Si lo vemos así, dominicanidad es otra también otra definición de cultura.

Un proyecto tan necesario, en un momento tan importante, debe ser diseñado y ejecutado por personas y firmas con un profundo conocimiento local. Después de todo, una plataforma que busca destacar, tanto dentro como afuera, lo mejor de nosotros, debe comenzar reconociendo precisamente eso, que el talento local es tan valioso como el extranjero.

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