Dentro de los primeros caóticos días del esfuerzo por vacunar a los estadounidenses

Por Rachana Pradhan, Lauren Weber y Jay Hancock

Traducción por El Mitin

Esta historia también fue publicada en NBC News.

Publicado el 22 de diciembre del 2020

[Revisado el 23 de diciembre de 2020]


Un contenedor de la vacuna del COVID-19 del gigante farmacéutico Pfizer contiene 975 dosis, demasiadas para un hospital rural en Arkansas.

Pero con la coordinación logística necesaria para llevar la vacuna Pfizer de forma segura a los trabajadores de la salud de zonas rurales, dividir los contenedores en envíos más pequeños tiene sus propios peligros. Una vez fuera del congelador que la mantiene a -94 grados fahrenheit (-70 grados centígrados), la vacuna dura solo cinco días y debe ser refrigerada en tránsito.

En Arkansas, –donde más del 40% de los condados son rurales y los contagios por COVID están aumentando– resolver el rompecabezas de la distribución es urgentemente crítico, dijo la Dra. Jennifer Dillaha, epidemióloga del estado.

“Si los que proveen atención médica contraen COVID-19”, dijo Dillaha, “no hay nadie allí para cuidar a los pacientes”.

Estos dilemas resuenan con las autoridades de Georgia, Kentucky, Utah, Indiana, Wisconsin y Colorado. El primer impulso del esfuerzo de vacunación masiva contra COVID del país ha sido caótico, marcado por la falta de orientación y la falta de comunicación a nivel federal.

Con Washington dirigiendo la mayoría de las decisiones de vacunación, cada estado y condado tiene que sopesar dónde enviar las vacunas primero y cuál de las dos vacunas autorizadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos para uso de emergencia tiene más sentido para cada hogar de ancianos, hospital, departamento de salud local e incluso escuela. Y después de advertir durante meses que carecían de los recursos para distribuir vacunas, es ahora que los funcionarios estatales recibirán un empuje en el financiamiento: USD$ 8,75 mil millones en el último proyecto de ley de ayuda del Congreso, que los legisladores aprobaron el lunes por la noche.

La hazaña a la que se enfrentan los funcionarios de salud pública “no tiene absolutamente ninguna comparación” en la historia reciente, dijo Claire Hannan, directora ejecutiva de la Asociación de Administradores de Inmunización.

Los funcionarios que pensaron que la vacuna contra la gripe porcina H1N1 en 2009 fue una pesadilla logística dicen que ahora parece simple en comparación. “Fue una vacuna contra la gripe. Fue una dosis. Llegó a temperaturas estables en el refrigerador ”, dijo Hannan. “No fue nada como esto”.

En tan solo unos días, las barreras logísticas de la vacuna fabricada por Pfizer y BioNTech quedaron al descubierto. Muchos funcionarios ahora tienen sus esperanzas en Moderna, cuya vacuna viene en envases de 100 dosis, no requiere congelación profunda y es válida por 30 días desde el momento en que se envía.

El gobierno federal había repartido casi 8 millones de dosis de las vacunas de Pfizer y Moderna para distribuir esta semana, además de aproximadamente 3 millones de inyecciones de Pfizer que se enviaron la semana pasada, dijo el general del ejército Gustave Perna, director de operaciones de la Operación Warp Speed de la administración de Trump. 

Perna dijo que asumió la “responsabilidad personal” de sobreestimar cuántas dosis de Pfizer recibirían los estados.

Las demoras federales han generado confusión, dijo Dillaha: “A veces no tenemos información de los CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) o de la Operación Warp Speed ​​hasta justo antes de que se deba tomar una decisión”.

Los funcionarios de otros estados pintaron una imagen diversa de la campaña.

El Coastal Health District de Georgia, que supervisa la salud pública de ocho condados y tiene oficinas en Savannah y Brunswick, gastó más de USD$27,000 en dos congeladores ultrafríos para la vacuna Pfizer, que está tratando “como oro”, dijo el Dr. Lawton Davis, su director de salud. Se les pide a los trabajadores de la salud que viajen, algunos de hasta 40 minutos, para recibir sus vacunas, porque enviándolas se corre el riesgo de desperdiciar la dosis, dijo. La recepción de la vacuna ha sido menor de la que le gustaría ver a Davis. “Es una especie de rompecabezas y un acto de equilibrio”, dijo. “Estamos aprendiendo sobre la marcha”.

En Utah, los sitios para vacunar a maestros y socorristas a partir de enero no tenían capacidad para almacenar la vacuna Pfizer, aunque los funcionarios están tratando de asegurar algo de almacenamiento ultrafrío, dijo un portavoz del departamento de salud del estado. Muy pocas de las oficinas de salud locales de Kentucky podían almacenar las inyecciones de Pfizer, debido a los requisitos de refrigeración y al tamaño de los envíos, dijo Sara Jo Best, directora de salud pública del distrito de Lincoln Trail. El departamento de salud del estado de Indiana tuvo que identificar opciones alternativas de almacenamiento en frío para 17 hospitales luego de cambios en la guía para los transportistas térmicos de vacunas.

Y en New Hampshire, donde la Guardia Nacional ayudará a administrar las vacunas, los funcionarios la semana pasada aún estaban ultimando los detalles de 13 locaciones comunitarias donde el personal de emergencia y los trabajadores de la salud deben vacunarse a finales de este mes. Jake León, portavoz estatal de Salud y Servicios Humanos, dijo que si bien en las locaciones se podrán administrar las vacunas de ambas casas, lo más probable es que obtengan las de Moderna debido a su fácil transporte. Incluso cuando ya se han inyectado las primeras vacunas, quedan muchas dudas.

“Es día tras día e incluso hora tras hora o minuto a minuto, lo que vamos conociendo y lo que vamos planificando”, dijo León el viernes. “Estamos construyendo el avión mientras lo volamos”.

En total, la administración de Trump ha comprado 900 millones de dosis de vacunas COVID de seis compañías, pero la mayoría de las vacunas aún se encuentran en estudios clínicos. Incluso los pioneros, cuyas vacunas han recibido la autorización de emergencia de la FDA (Pfizer y BioNTech el 11 de diciembre, Moderna el 18 de diciembre) necesitarán meses para fabricar a esa escala. La administración de Trump planea distribuir 20 millones de dosis de vacunas a los estados a principios de enero, dijo Perna el sábado.

Para la primavera, las autoridades esperan llevar a cabo un despliegue de vacunación más allá de las poblaciones prioritarias, de los trabajadores de la salud, personal de hogares de ancianos y personal de emergencia.

Durante el esfuerzo por vacunar a los estadounidenses contra el H1N1, dijo Dillaha, los departamentos de salud establecieron clínicas de vacunación masiva en sus condados y entregaron dosis a las escuelas. Pero los hospitales se están haciendo cargo de partes de la campaña inicial de vacunación de COVID, no solo porque los trabajadores de la salud corren el mayor riesgo de enfermedad o muerte de COVID-19, sino también para compensar a los departamentos de salud abrumados por las investigaciones de casos y el rastreo de contactos de un flujo interminable de nuevos contagios.

Best dijo que su fuerza laboral está luchando para mantenerse al día con los contagios de COVID, y en menor medida, con la temporada de gripe y con las próximas vacunas del COVID. El personal del departamento de salud pública en Kentucky se redujo en un 49% de 2009 a 2019, según los datos estatales que proporcionó. En todo el país, 38,000 puestos de salud estatales y locales han desaparecido desde la recesión de 2008. El gasto per cápita de los departamentos de salud locales se ha reducido en un 18% desde 2010.

A nivel nacional, Pfizer y Moderna han firmado contratos con el gobierno federal para proporcionar cada uno 100 millones de dosis de vacunas para fines de marzo; Moderna entregará un segundo tramo de 100 millones de dosis para junio. Los estados estaban jugando a lo seguro la semana pasada, dirigiendo los viales de Pfizer principalmente a instalaciones con congeladores ultrafríos, dijo Hannan.

“Gran parte de esa vacuna está destinada a instalaciones institucionales”, dijo Sean Dickson, director de políticas de salud del West Health Policy Center, sobre las vacunas de Pfizer. El centro, con la Facultad de Farmacia de la Universidad de Pittsburgh, encontró que el 35% de los condados tienen dos o menos instalaciones por cada 10,000 personas para administrar las vacunas COVID.

El estudio reveló una tremenda variación en la distancia que las personas necesitarían conducir para recibir la vacuna. Los residentes de Dakota del Norte, Dakota del Sur, Montana, Wyoming, Nebraska y Kansas enfrentan los viajes más largos, con más del 10% viviendo a más de 10 millas de la instalación más cercana que podría administrar una inyección.

Los condados con largas distancias de conducción entre los lugares de vacunación y un número bajo de lugares en general “serán los más difíciles de alcanzar”, dijo Inmaculada Hernández, profesora asistente de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Pittsburgh y autora principal del estudio.

Ciertas vacunas podrían ser más adecuadas para esos lugares, incluida la potencial oferta de Johnson & Johnson, que será una sola inyección y los departamentos de salud podrían distribuir en áreas rurales a través de unidades móviles, dijo. Se espera que la compañía solicite la autorización de emergencia de la FDA en febrero, dijo este mes el asesor científico jefe de la Operación Warp Speed, Moncef Slaoui.

Hasta entonces, Pfizer y Moderna son las empresas que suministran dosis para el país y no se las considera iguales a pesar de que cada una tiene más del 90% de efectividad para reducir la enfermedad.

En Wisconsin, la vacuna de Moderna “nos brinda más facilidad” y “nos permite llevar las dosis a las clínicas más pequeñas y clínicas rurales de una manera que reduce el nivel de logística” necesaria para el almacenamiento ultrafrío, dijo a los periodistas este miércoles la Dr. Stephanie Schauer, directora del programa de inmunización del estado.

Alan Morgan, director de la Asociación Nacional de Salud Rural, se hizo eco de que la vacuna Moderna es considerada una “solución para zonas rurales”. Pero dijo que los estados, incluido Kansas, han demostrado que se puede realizar un despliegue rural de Pfizer.

“Depende de dónde estos estados dan prioridad, o dan prioridad a las zonas rurales o no”, dijo. “Es una advertencia de lo que podemos ver en esta primavera, de que las poblaciones rurales quizás sean consideradas de segundo nivel en lo que respecta a la vacunación”.

Virginia también tiene un plan para llevar la vacuna Pfizer a lugares remotos. Está enviando las vacunas a 18 centros de salud con congeladores ultrafríos en todo el estado. Los centros se distribuyen con la amplitud necesaria para que los vacunadores puedan llevar las vacunas desde allí a los trabajadores de salud incluso en áreas poco pobladas antes de que se echen a perder, dijo Brookie Crawford, portavoz de la región central del Departamento de Salud de Virginia.

Washington, por otro lado, permite a los hospitales sin congeladores ultrafríos almacenar temporalmente las vacunas Pfizer en las cajas térmicas en las que llegan, dijo Franji Mayes, portavoz del departamento de salud del estado. Eso significa que una caja debe usarse rápidamente, antes de que caduquen las dosis. “También estamos trabajando en una política que permitirá a los hospitales que no esperan vacunar a 975 personas transferir vacunas adicionales a otras instalaciones inscritas”, dijo. “Esto reducirá el desperdicio de vacunas”.

[Aclaración: este artículo fue revisado a las 11 a.m. ET del 23 de diciembre para esclarecer los hallazgos de un análisis del West Health Policy Center y la Facultad de Farmacia de la Universidad de Pittsburgh sobre las instalaciones de vacunación COVID-19.]


KHN (Kaiser Health News) es un servicio de noticias sin fines de lucro que cubre temas de salud. Es un programa editorialmente independiente de KFF (Kaiser Family Foundation), que no está afiliado a Kaiser Permanente.

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