Desde la Platea

por Ernesto Rivera 

Uno de los momentos clímax del conocimiento de coerción de la Operación Anti-pulpo ocurrió al cierre de la primera jornada. “Usted le está diciendo al juez que el espectáculo se va a acabar hoy, es decir, aquí lo que ha habido es un espectáculo dirigido por un juez. Doctor, tiene que tener mucho cuidado con eso (…)1 respondió molesto el juez José Alejandro Vargas a un abogado de la defensa quien, sin ponerse de pie, había calificado las circunstancias de la audiencia como un “espectáculo”. Por un segundo se ponía en duda la credibilidad de todo el proceso al sugerir a la audiencia que aquello era solo un montaje espectacular. Con aquel intento el abogado de la defensa quiso borrar la delgada línea que separa la realidad de la ficción con la rapidez con que concluye la magia al encenderse las luces de un teatro. 

Quienes seguimos la operación recordamos que un comentario recurrente en los chats de la transmisión era la broma de cancelar las suscripciones de Netflix. Los acusados, por su parte, llenos de histrionismo intentaban persuadir al juez siguiendo su propio estilo. La finalidad general era conmovernos, hacernos desatender las evidencias presentadas por el Ministerio Público hasta creer en la narrativa de hombres paternalistas, trabajadores, bienintencionados, de salud muy delicada incapaces de soportar la pena de un encarcelamiento. 

En efecto, no es casual que en las escuelas de derecho se enseñe un poco de teatro. El uso práctico es aprender principios de la oratoria (proyectar e impostar la voz) y de la retórica (el arte de modificar las opiniones), pero también identificar modelos de actuación.  El juez insistía una y otra vez en la necesidad de “modelar con el ejemplo” para toda la nación y particularmente para quienes estudian derecho. Lo ocurrido en el conocimiento de coerción quedará en lo anecdótico y como apuntes para la historia de las leyes en nuestro país. 

El Estado es un pulpo a su manera. Al mismo tiempo que estas cosas pasaban, en otra dependencia firmaba cheques millonarios José Francisco Peña Guaba, el coordinador del Gabinete de Política Social. Eran cien millones de pesos para repartir entre setenta artistas elegidos arbitrariamente2. La acción provocó un rechazo generalizado. Peña Guaba dijo luego en sus declaraciones que el dinero “no es solo para los cantantes sino para repartirse con sus orquestas y el resto de su equipo”. La industria del espectáculo, “la más golpeada por la pandemia del coronavirus” quizás necesitaba alguien como su señoría el juez Vargas golpeando el mallete en la oficina de Peña Guaba para evitar la instrumentalización de una tragedia nacional para los fines del lamentable espectáculo político. ¿Acaso hace falta recordar que la función principal del arte no es el entretenimiento? El Ministerio de Cultura debió servir de árbitro de esta acción como con cualquier otra de índole cultural3.

La trama de la gestión cultural dominicana es trágica. Desde el 17 de agosto del 2020 la principal ocupación del Ministerio de Cultura ha sido recorrer los pueblos del país sin que falten los espectáculos de corta duración de corte folklórico. Hace décadas y en otro lugar, se lamentaba el crítico de arte y teórico peruano Juan Acha sobre la predisposición del oficialismo de nuestros países para siempre iniciar una reunión oficial (de trabajo cultural) con un baile o un brindis4.

La gran virtud de ser artista es que no se necesita ser especialista en nada; a lo sumo se va ganando cierta experiencia practicando el oficio. Esa anti-profesión da una tremenda libertad de observación5. El mayor reto de escribir esta columna es proponer que además del análisis político en sus formas de estadísticas e infografías, no se puede construir democracia sin otras formas de discurso menos rápidas y cuantitativas. El componente político del arte es su trabajo en la distribución de lo sensible pero cuando el arte incide en lo sensible no es simplemente como resultado de las intenciones particulares de las y los artistas6. Un artista que escribe, como es el caso, lo único que puede ofrecer son las libres asociaciones de su ensayo sin poder resumirlo fácilmente a unas pocas gráficas. Estamos tan deshabituados a ver la justicia hacer su trabajo fuera de las películas que cuando ocurre en la vida real la vemos como un espectáculo. Pero los juicios más celebrados de la humanidad han sido producciones literarias. El arte es peligroso para la administración pública (y la gestión privada) porque informa la opinión y el sentido crítico. Cuando las diferentes dependencias del Estado reducen el arte al espectáculo, consecuentemente atrofian las múltiples capacidades de transformación social que el arte puede articular en las voluntades ciudadanas. 

Dicho eso, no puedo negar que a partir del conocimiento de coerción para la Operación Anti-pulpo, batallo con un impulso. Veo cómo sentado desde la platea la escena política de República Dominicana. El irreverente abogado de la defensa aportó esa peligrosísima arma de interpretación. El filósofo Henri Lefebvre en su libro Crítica a la Vida Diaria7 dice que existe un vínculo cercano entre teatro, acto y la vida misma. Los actos históricos son escenificados para otras personas porque cada ser humano se aplica a la mística de cumplir sus distintos roles; el juez hace de juez, el Ministerio Público investiga el delito, la defensa defiende y así respectivamente. Estos actos humanos, agrega Lefebvre, a veces son crudos, o sutiles, y en los mejores casos son comprometidos y serios; roles que se cumplen sin renunciar a la labor, distinto a como lo harían actores saliendo del escenario para llevar a cabo los actos de sus propias vidas y no los de sus personajes. La tesis general de Lefebvre es que se necesita estudiar los actos de la vida cotidiana con mayor profundidad porque a pesar del convencimiento generalizado de que las instituciones y las filantropías son vestimentas teatrales, los cambios (cualquier cambio, bueno o malo) siempre ocurre en la vida real, en las cosas simples de la vida cotidiana. Esto coincide con algunas ideas de Jean Jacotot, creador del método de emancipación intelectual en el cual se plantea que es posible ver el todo en los pequeños fragmentos de las escenas diarias. 

Volviendo al terreno institucional que se ocupa de las artes dominicanas, cada instancia política sigue un protocolo distinto8. Para muchas figuras políticas dominicanas la misión de la cultura es simplemente entretener, como pasa por ejemplo durante los períodos de campaña electoral. Por otra parte, el espectáculo del poder desde el Ministerio de Cultura parece tener aspiraciones clásicas. Déjà vu quizás de las formas de trabajar la cultura en los últimos períodos del balaguerismo: burocracia estatal performática comandada por arquitectos. 

Carmen Heredia, nuestra ministra de cultura, entiende bien estas cosas porque ha dedicado su vida al ballet, la música y el teatro. Es además la autora del libro “Espacios de Teatro y Danza y Otros Espacios”. El problema radica en la visión incompleta de esos “otros espacios” de la cultura que no están recibiendo el apoyo ni la atención que se merecen. No está trazado ese alcance en los planos del ministerio porque el Ministerio de Cultura no tiene un plan. Lo que sí está son las cruzadas para resistir los “barbarismos invasivos“ de las manifestaciones culturales populares. Expresiones igualmente válidas pero desatendidas por ser predominantemente reflejos de nuestra africanidad9. La negritud, el mulataje,  no coincide con la visión eurocentrista de “creatividad universal” en donde el arte sigue romantizando con la Francia de finales del siglo XIX: enseñar patriotismo, honrar con medallas, promover “las buenas costumbres” e incubar una autoestima nacionalista. Lo importante del arte para el Ministerio de Cultura es el componente de la belleza decorativa, las alegorías neoclásicas, la sacralidad de los monumentos, seguir “el ideal de la forma”, la construcción de museos para encerrar la cultura, el patrimonio tangible, servir de escalón para el desfile internacional y en definitiva, dar continuidad a la fuerza civilizatoria de la colonización cultural10. Como un gran logro se presentó en un programa de  entrevistas que la ministra es Comisaria de la Bienal de Arquitectura de Venecia sin explicar apropiadamente cómo se dieron esos acuerdos a puertas cerradas entre el sector público y el sector privado del país. La entrevista creo que debe ser analizada por todas las personas involucradas con los trabajos culturales del país, pero en resumen, las dos metas internacionales del Ministerio de Cultura son: traer a República Dominicana un cemí taíno desde Turín y cabildear una instalación de arte en una iglesia anglicana de Venecia dando el permiso para que represente al país. Para ambos lobbies sobran las preguntas, más que nada por el contraste que crean con los pagos todavía pendientes a empleados cancelados de Bellas Artes.  

Mientras nos aproximamos al entremés de la rendición de cuentas del 27 de febrero, las y los dominicanos asistimos de momento a dos formas arquetípicas distintas de lo cultural desde el gobierno. A un lado, para el Gabinete de Política Social las artistas (del espectáculo) están para “llevar la alegría al pueblo” y lo explícito no es molestia cuando sirve al fin populista. Por otra parte,  el Ministerio de Cultura, que aspira a la serenidad clásica y al romance colonial; lo folklórico afro y el lenguaje popular a veces se considera poco elevado. Desde el Ministerio de Cultura el lema es “tenemos que llevar la cultura a los pueblos dominicanos”11 y entonces hay más empeño en transportar violines que en fabricar congos. El gobierno, la administración de lo público, está llamado a fomentar todas las formas múltiples de nuestros valores y todas las identidades posibles que representan la dominicanidad. 

Existe un tercer lugar. Desde el estado de excepción en el que han obligado a vivir a un sin número de artistas dominicanos, incluida la amplia comunidad artística dominicana de la diáspora, nos corresponde un rol importante: emplazar.    


1 Extraído de https://listindiario.com/la-republica/2020/12/11/647973/las-cosas-mas-curiosas-que-dejo-la-audiencia-de-la-operacion-anti-pulpo 

2 Extraído de https://listindiario.com/la-republica/2020/12/14/648335/tony-pena-guaba-dice-entrega-de-fondos-a-artistas-es-tambien-para-repartirse-a-orquesta 

3 Ver Ley No.41-00, Capítulo II, Artículo 13: “El Consejo Nacional de Cultura (…) y garantizar la unidad de acción entre las instituciones públicas y privadas que realizan actividades y acciones culturales.”

4 Acha, Juan. Aproximaciones a la Identidad Latinoamericana. Editorial Trillas, 2013. 

5 Sobre esto escribe Hakan Topal en su texto “We Are Not Professionals”. Ver en: http://arthubasia.org/project/we-are-not-professionals-by-hakan-topal

6 Jácques Ranciére. Ver también Hal Foster. 

7 Lefebvre, Henri. Critique of Everyday Life. Verso Books, 2014. pp.150-157

8 En la historia dominicana el teatro siempre jugó un papel importante en la difusión de las ideas nacionalistas a través de escenificaciones. Pero también por el apoyo recibido de dos instituciones en donde las ceremonias y las vestimentas forman parte del culto: la iglesia y la milicia. La palabra cultura comparte raíz lexical con la palabra culto. 

9A propósito de las recientes disposiciones del Ministerio de Educación. El lema de la nación dominicana “Ser libre o morir” que aparece en el Himno Nacional podría ser la traducción de un canto que los poetas del romanticismo lírico nacional (José Joaquín Pérez) atribuyeron erróneamente a las culturas prehispánicas, específicamente a un areito de Anacaona. A finales del siglo XIX se usó como parte de discursos nacionalistas a partir del indigenismo, que en el contexto local tuvo tintes racistas. Los numerosos estudios lingüísticos posteriores confirman el error de la atribución lingüística, demostrando que la frase se trata de una forma truncada de un canto vudú haitiano “Aya Bombé” cuyo origen se rastrea a cánticos Congoleses. Ver Fernando Ortiz, Aimé Césaire, Alasdair Pettinger. La traducción literal de la expresión Igi Aya Bongbé es “primero muerto que esclavo”. 

10En una entrevista videograbada concedida a Diario Libre y publicada el 1 de febrero, a la ministra de cultura Carmen Heredia le preguntaron dónde estaba centrado a su parecer el elemento cultural dominicano en la nueva Marca País. Su respuesta: “en lo cultural yo me iría a nuestras ruinas y a la Ciudad Colonial.” (Minuto 39) Ver la entrevista completa aquí: https://www.youtube.com/watch?v=6e8d4Fup9HQ

11En la misma entrevista para Diario Libre la ministra Heredia cerró diciendo que el lema del Ministerio de Cultura es “sólo la cultura salva los pueblos” citando a Pedro Henríquez Ureña. La ironía es que una figura erudita como Pedro Henríquez Ureña no puede existir en el vacío de políticas culturales ni la desprotección actual. El mismo autor citado fuera de contexto fue un exiliado. ¿Quién en República Dominicana vive hoy de su labor literaria? La cita en contexto de Pedro Henríquez Ureña es como sigue: “”La cultura crece con el desarrollo material, y éste es lento en Santo Domingo” -pero también contribuye a la transformación de esa realidad. “Sigo impenitente en la arcaica creencia de que la cultura salva a los pueblos” dijo, para agregar: “Y la cultura no existe, o no es genuina cuando se orienta mal, cuando se vuelve instrumento de tendencias inferiores, de ambición comercial o política, pero tampoco existe y ni siquiera puede simularse cuando le falta la maquinaria de la instrucción. No es que la letra tenga para mí valor mágico. La letra es sólo un signo de que el hombre está en camino de aprender que hay formas de vida superiores. Y junto a la letra hay otros, también seguros: el voto efectivo, por ejemplo, o la independencia económica”. Ver más en http://www.cielonaranja.com/phu-alvarez.htm

Que dice la gente!

  1. Examinen bien el caso antipulpo, ya que ciertamente ha sido el circo más grande orquestado por el Ministerio Público y el Juez Vargas. Hay un hombre inocente en el grupo, su nombre es Aquiles Christopher, pueden buscar la entrevista de Somos Pueblo al respecto y el reportaje en Noticias Sin por Alicia Ortega, que resalta las incongruencias y falsedades sobre las que el Ministerio Público ha privado de su libertad a un hombre de 75 años TOTALMENTE INOCENTE, lo cual solo ha demostrado la incompetencia y bajeza con que se maneja “la justicia independiente” de nuestro país. Busquen los datos antes de elogiar al juez Vargas porque lo único que ese señor ha sido conjuntamente con Camacho y la Berenice son unos grandes mediocres.

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