EMPACHO

por Ernesto Rivera 

Pasa una hora de televisión en vivo y entonces sucede algo peculiar. Tras la presentación del Ballet Folklórico de Fradique Lizardo, la cámara realiza un paneo del público aplaudiendo con efusividad. Retrocede la cámara hasta detrás de las bambalinas y aparecen las estructuras que soportan los decorados. Inesperadamente, en el margen izquierdo y vestida de rojo fulgente, está la anfitriona de la noche. Ella dirige su mirada a la cámara para la cápsula narrativa que integra contenido cultural y promoción turística. Se trata de la actriz norteamericana Helen O’Connell en el Teatro Nacional de Santo Domingo la noche del 16 de julio de 1977 para la celebración del Miss Universo1. El evento fue transmitido vía satélite en un esfuerzo conjunto entre la cadena norteamericana CBS y el canal local Color Visión. Como otros eventos de su clase, además del tono festivo del certamen, fue una oportunidad perfecta para proyectar al mundo una imagen fantástica de la República Dominicana, artificio conveniente para cubrir crímenes políticos y proteger intereses económicos. La franquicia de Miss Universo pertenecía desde 1975 a la Gulf and Western, la misma empresa extranjera que administraba algunos ingenios azucareros del país y que esa noche apadrinaba el evento con bailes guloyas. La ironía se cuenta sola. 

La cámara interrumpe la ilusión por primera vez para hacer un registro documental, capturando las partes no visibles, revelando cuerdas y paneles sin pintar. Las acciones suceden rápidamente. Una fila de bailarines vestidos con espejos y penachos de plumas cruzan apresurados delante de la pantalla. Unos hombres con trajes negros coordinan las transformaciones del escenario, las jardineras colgantes descienden del techo mientras las concursantes en bañador avanzan al escenario. Helen sigue invariable, habla a la cámara con una sonrisa y con datos históricos del edificio. Dice el nombre del arquitecto y que el teatro es uno de los más modernos de Latinoamérica, que fue inaugurado en 1973 y que es el centro cultural de la nación, etcétera. Las informaciones en la televisión se entregan sin posibilidad de réplica y no hay espacio para la retención. 

Detrás de las tramoyas se esconden andamios gigantes. Helen señala al camarógrafo que graba desde lo alto y esa misma cámara capta a Helen en plano picado, vista de cuerpo completo, empequeñecida de repente por el ángulo de visión. Regreso al plano frontal mientras ella abre la puerta de un improvisado cuarto de controles en donde trabajan los de filmación y sonido, técnicos que saludan tímidamente a la cámara. Helen comenta que esas habitaciones son como el nervio central de cualquier show de televisión y que detrás del escenario ocurre un espectáculo paralelo que está igualmente lleno de vida. Aquí concluye el segmento que da paso a un corte comercial. 


Mañanas de asueto 

No he podido dejar de pensar en ese gesto brechtiano de la producción que muy a la moda documental de su tiempo retrató la artificialidad del espectáculo. Y deseo rescatar ese impulso contemporáneo de revelar hilos de la ficción porque considero que justamente es la tarea que como colectivo nos cuesta más trabajo realizar sobre el accionar que en materia de cultura va realizando el nuevo gobierno.  

Ya hemos dicho que el Ministerio de Cultura dominicano funciona como un escenario desde donde se transmite en continuo una programación con vocación poco orientadora2 en la que impera la intención de afectar la percepción que tenemos sobre su gestión condicionando nuestras emociones. Me he vuelto un aficionado de sus contenidos propagandísticos porque luego de la producción para la rendición de cuentas del primer año de gobierno, el departamento de comunicación a lo interno del Ministerio de Cultura usa sin timidez abundantes efectos fílmicos, especialmente los sonidos triunfales de las películas de guerra. 

El pasado 19 de agosto fue un día singular. Una mañana muy agitada dentro del Ministerio de Cultura, porque no bien inició el asueto publicaron un video que era corto pero muy inquietante. La titular Carmen Heredia recibió en la Sala Ministerial a la presidenta de la Fundación Eduardo León Jimenes, María Amalia León y a la directora ejecutiva de la misma entidad, María Elena Aguayo, para juntas sellar un convenio. El acuerdo era ceder en préstamo un importante edificio histórico de la zona colonial a la Fundación León Jimenes para su uso con fines culturales (de acuerdo a los criterios de la institución privada) y con el compromiso de su restauración arquitectónica. Nada sería motivo de mayores preocupaciones a no ser porque una de las tres firmantes es miembro del Consejo Nacional de Cultura. Por eso la pregunta de si el resultado de esa labor pública tiene la forma de concesiones y contratos que se deciden a puertas cerradas sin licitaciones públicas ni consultas abiertas con la ciudadanía en clara violación a la Ley 122-05 para la Regulación y Fomento de las Asociaciones sin Fines de Lucro en la República Dominicana. Actualmente esa y otras empresas privadas están ocupando vacíos estructurales que la gestión pública no quiere asumir pero que el pueblo dominicano tiene que pagar con impuestos directos o indirectos.  

Cómo explicarle a las personas el montaje de una operación que no quieren ver. Para criticar la violencia uno tiene que describirla3. De forma resumida, las fundaciones culturales funcionan así: 1) grupos empresariales descubren el beneficio de crear una fundación “sin fines de lucro” para reportar a la DGII un monto invertido en cultura a través de su entidad. 2) el Estado Dominicano les otorga una exoneración fiscal. 3) El grupo empresarial, además del recorte de impuestos,  aprovecha el beneficio de ver su marca crecer frente a la opinión pública como una entidad benefactora del país. El truco de cámara consiste en que las fundaciones a fin de cuentas operan con el erario público, con impuestos que el gobierno no administra. Contrario a otros países con un régimen fiscal eficiente, los montos reportados y exonerados a las fundaciones culturales son cifras secretas en la República Dominicana4. Por esa razón no podemos ponderar si al pueblo le conviene una DGII con dinámicas fiscales tan laxas5. Un obstáculo constante es que el porcentaje del presupuesto nacional destinado a la cultura siempre es insuficiente: el ministerio no paga liquidaciones, no hay fondos para Bellas Artes. Es verdad que la institución privada que aquí analizamos goza de cierto prestigio, pero también es cierto puede notarse una avasallante actitud empresarial que a partir del año 2012 afecta los enfoques y las relaciones comunitarias de su reconocido centro cultural. ¿Es esa forma de hacer cultural el modelo a seguir por el Estado dominicano? ¿Perpetúan esas relaciones el monopolio y el esnobismo cultural? ¿Responde la visión institucional privada a nuestros problemas sociales y culturales reales? Si la finalidad última es promover la cultura para una mejor nación, tendríamos que preguntarnos ¿La cultura según quiénes y siguiendo cuáles políticas estatales? ¿Por qué tantas disociaciones y tantos dobles discursos?  

Me atrevo a decir que a la mayoría nos gustaría que la producción detrás del Ministerio de Cultura haga como hizo Helen O’Connell en 1977 y nos enseñe cómo ocurren esos negocios con el sector privado, que nos diga abiertamente con el concurso de quiénes, bajo cuáles cláusulas y con cuáles alcances. Al ritmo que vamos, la filantropía corporativa es como un nuevo baile folklórico que se pone en escena para representar una alegría sin fin. Hoy más que nunca necesitamos traspasar esas capas discursivas superficiales y  conocer las implicaciones de que la cosa pública se disponga de maneras tan discrecionales, o lo que es peor, que desaparezca. Es decir, debería interesar (o al menos despertar nuestra curiosidad) todo lo que no se muestra en un video del gobierno: las letras de un contrato para la entrega del patrimonio. Si el inmueble que se da en calidad de préstamo se trata de la casa del colonizador Hernán Cortés, se esperaría que la actual gestión tenga la cortesía de transparentar las transacciones con ese bien agregando a la nota de prensa una copia fidedigna del referido contrato. ¿Cómo se llegó a ese acuerdo? ¿De quién fue la iniciativa? ¿Por cuánto tiempo se firmó el convenio? ¿Qué decían los borradores antes de la redacción final? ¿A qué costo y por cuánto tiempo? ¿Es ese costo uno real o simbólico? ¿Cómo esa experiencia sentará las bases para otros acuerdos similares entre otras empresas y el Estado dominicano? ¿Cuáles son los límites de las alianzas público-privadas que el actual gobierno firma por doquier? ¿Qué participación tienen las comunidades locales y cómo se evita la gentrificación urbana?

Una pregunta final que se suma a todas las anteriores: ¿No debería todos y cada uno de los miembros del Consejo Nacional de Cultura estar regido por el mismo principio ético de que quienes tienen cargos públicos tienen prohibido negociar con el Estado? Se puede anticipar que las empresas privadas difícilmente suscriben un acuerdo sin garantizar para sí mismas cuantiosos beneficios económicos directos e indirectos. Para nadie es un secreto que el arte es un renglón comercial lleno de especulaciones, abultamientos y poco control. Y así podrían seguirse moviendo los contrapesos, bastidores y torres de iluminación de este palco escénico aunque se anticipe que el tema moverá emociones. Para los intereses que este tipo de señalamientos tocan no faltarán quienes desconozcan argumentos y se entreguen a la adulación institucional.  En este particular, los archivos dicen que los vínculos de las familias de poder con el gobierno dominicano tienen un récord antiguo que escapa a los alcances de un texto breve. El primer paso para cualquier restauración verdadera inicia recuperando las sospechas sobre iniciativas que restan autonomía a la administración pública, que es lo mismo que un querer defender el carácter público de nuestro patrimonio.   


Entre Puntos, pero suspensivos

El viceministro de cultura comentó públicamente que quienes critican algunas acciones de su ministerio “están diciendo lo mismo que el Ministerio dice”. Así declaró Gamal Michelén en el programa de televisión Entre Puntos cuando fue invitado en el mes de julio para hablar de la 29va. Bienal Nacional de Artes Visuales6. En el programa lo vemos acompañado del actual director del Museo de Arte Moderno, el también arquitecto Federico Founder. Michelén es una persona brillante y además posee un talento natural para la conversación que lo inclina a dar con mucha generosidad abundantes datos históricos y notas curiosas. Quizás por estar tan metido en los afanes de su cargo no puede ver ciertas incongruencias en las cosas que anuncia sobre los proyectos de su despacho. Frecuentemente se le oye decir que “los artistas son por naturaleza contestatarios” pero repetir esa afirmación sin responder con puntualidad las críticas recibidas reduce la oposición a una mueca caricaturesca. Ha dicho también que no puede esperarse que el Ministerio sea un “maniqueista”, que es lo mismo que decir que las críticas con fundamentos a las fallas del Ministerio reducen todo a la lucha interminable del poder del bien contra el poder del mal. No nos referimos a esos conflictos abstractos sino a la suspicacia que provoca que en un programa en donde se conversa sobre la 29va Bienal se insista en dar créditos y detalles sobre un proyecto privado para la Bienal de Venecia, repitiendo conceptos en lo que incluso podemos presumir que él mismo no está convencido. Y más allá del animismo, está lo que es evidente: un proyecto que busca romantizar la faena agrícola sin detenerse a revisar los privilegios de clase ni la desprotección estatal. Ambas a su manera han sido negligentes en dignificar la vida en el campo.  

Se necesita insistir que la crítica de artistas solicita transparencia, honestidad, rendición de cuentas sin espectáculos, que en el caso específico de la 29va Bienal sería explicar esas alianzas misteriosas con el sector privado. No se comprende, para citar un ejemplo, a qué acuerdos responde el uso que se hizo el 25 de Agosto de un video hecho para la Bienal de Venecia en un programa de la Bienal cuyo tema era cultura y patrimonio7. Queremos saber si el uso de ese video es una muestra visible de lo invisible: acuerdos suscritos por la comisaria de la exposición8 o avances del Consejo Nacional de Cultura. Si el museo es “el espacio donde se custodian las musas”, el arte contestatario quiere saber cuáles son esas musas escurridizas que el Museo de Arte Moderno está ocupado en proteger y a cuál costo para el pueblo dominicano. Nuestro país no necesita más fundaciones culturales operando con cheques en blanco sino un Ministerio de Cultura que sepa regular intereses. Queremos un Ministerio de Cultura que sea capaz de crear y hacer cumplir planes de trabajo que sean afines a las necesidades reales del país, y a un espectro amplio de artistas, artesanas y gestoras culturales.

En el citado programa de televisión el arquitecto Federico Founder9 dice que el éxito de muchas obras contemporáneas se debe al “contubernio con las galerías de arte” sin embargo olvidó los contubernios en los que quizás incurre su administración. ¿Cómo nos explica obras incluidas en la 29 Bienal que son notorios plagios y obras no inéditas? ¿Se eligió un jurado de premiación a cambio del uso exclusivo de las instalaciones del museo?10. Una bienal es en primer lugar un espacio de pensamiento para reflexionar de forma compendiada la creación artística nacional y hacer muchas preguntas. Pero en la 29 Bienal primó la inmediatez, la urgencia de abultar los logros de un primer período con un evento ruidoso en el ámbito local sin ninguna trascendencia regional e internacional. ¿Cuáles son los vasos comunicantes de esta bienal con otras bienales del mundo? ¿Quiénes están ocupados en estudiar las relaciones de la actual bienal con su trayectoria de setenta y nueve años? ¿Está revelando la bienal deficiencias en la educación del arte? ¿Qué papel desempeñan las galerías y los coleccionistas privados en el evento resultante? Más allá del “contubernio” al que apela el director Founder, llama la atención que ni el Museo de Arte Moderno, ni el Ministerio de Cultura, ni las cuentas en redes sociales de influencers que se pagan para amplificar la actividad se han detenido a comentar la presencia del artista invitado. Ese artista está representado por una galería privada de la ciudad capital. ¿A qué responde esa invisibilización? Tampoco se ha elaborado algún material de archivo que rinda honor al artista a quien se dedica el evento, más allá del brindis, las fotos y el aparataje fílmico. ¿Cuál es el compromiso real del gobierno de Luis Abinader con la comunidad artística dentro y fuera del país?  

Sabemos que los cargos políticos son coyunturales, pero también sabemos que los efectos de las acciones desde esas coyunturas duran más que los términos de los cargos políticos. Desde su creación en el año 1942, la Bienal Nacional es una institución ambigua, con una conciencia muy sumisa respecto al poder político y económico, usada constantemente por el aparato para cubrir las cosas mal hechas sea por medio de simplificaciones, censuras, silencios o distracciones. Cuando el viceministro Michelén cita a Ortega y Gasset con la frase “yo soy yo y mi circunstancia y si no las salvo a ella no me salvo yo” y justifica las formas de la celebración de la 29va Bienal desconoce que esa frase apunta a un mejor principio. Es una invitación a mirar las cosas desde todos los ángulos posibles, a internarse en la profundidad de los hechos haciendo preguntas incómodas11, a reconocer las limitaciones de la mirada individual y a integrar la colaboración de quienes piensan diferente en los planes de acción, y en este caso, de la administración estatal12. Ortega y Gasset reconocía así que todo tiene un anverso y un reverso, como la parte cóncava y convexa de una cuchara reflejando de modos distintos una misma imagen. 


El ilusionista 

En el certamen del Miss Universo 1977 el panel de jurado era un nutrido grupo de celebridades. Además del modista Oscar de la Renta y el comediante Cantinflas, estaba también un ilusionista israelí llamado Uri Geller que se hizo famoso mundialmente yendo de un programa de televisión a otro realizando actos de magia en los que doblaba una cuchara presumiblemente con la fuerza de su mente. Uri Geller había caído en desgracia en 1973, cuando invitado al programa de televisión The Tonight Show no pudo realizar su acostumbrado número frente a un insistente Johnny Carson13. La Gulf and Western que para 1977 generaba ganancias del entretenimiento y el turismo, invitó como jurado al mago Geller para re-mercadear su imagen14 del mismo modo que el certamen servía a Joaquín Balaguer para maquillar las desapariciones y asesinatos por motivos políticos15 permitiendo que la reina saliente comenzara la gala viajando en un carruaje desde las escalinatas del Palacio Nacional16.  

Cuatro décadas después no podemos seguir con el mismo paradigma de hacer política con trucos visuales. Las bienales y concursos de arte en el país utilizan a artistas para hacerse de obras valiosas sin retribuir su costo real, para propiciar dinámicas de evasión fiscal o limpiar la imagen pública, del mismo modo que los certámenes y reinados de belleza utilizan los cuerpos de las mujeres para generar ganancias económicas. Las bienales y concursos de arte en el país están utilizando sus plataformas para acallar la crítica, desvirtuar las luchas sociales, dividir los colectivos y perpetuar un efecto nostálgico que tiene razones políticas y económicas. Las generaciones más jóvenes no son ingenuas, cruzan informaciones, contrastan matices y están interesadas en conocer las implicaciones de las acciones. República Dominicana no se merece un Ministerio de Cultura ocupado en hacer actos de ilusionismo por medio de entrevistas en televisión y videos promocionales en instagram. La comunidad de artistas es contestataria porque quiere formar parte de una conversación honesta sobre la realidad cultural del país y por eso, y pese a todo, hay proyectos que están ocurriendo en los márgenes, en los barrios, con la gente. A esos proyectos es preciso apoyar de manera consistente sin clientelismos. 

No queremos que la cultura se convierta en un especial de televisión. Un reto mayúsculo de la gestión cultural en República Dominicana es dejar de gravitar en torno a las acciones extractivistas que provienen del sector privado y que reducen las diversas culturas que componen al pueblo dominicano a un repertorio folklórico. Esos entuertos son fáciles de identificar porque se trata de la misma gente de siempre apareciendo con una fórmula de negocio poco original instrumentalizando el trabajo de artistas y artesanos sin asumir ninguna responsabilidad social, sin incluir a personas de distintas procedencias, ni cuestionar las estructuras sociales sobre las que se construyen sus privilegios. En fin, se requieren formas serias de apoyar la cultura distintas al arte de empachar con propaganda17.

1Video completo aquí: https://www.youtube.com/watch?v=2Du1NQsTOsM El segmento referido en este artículo ocurre a partir del minuto 1:10:17 

2En un discurso pronunciado en el programa Tribuna Democrática el 11 de mayo de 1966, el profesor Juan Bosch insistía en la necesidad de que la propaganda política sea orientadora. Es decir, instructiva; algo en lo que han fallado sus alumnos que llegaron al poder. Opino firmemente que todos los programas culturales, al menos los que están a cargo del Estado, tendrían que seguir cierta vocación pedagógica.

3La frase no es mía sino de George Didi-Huberman en el prólogo al libro “Harun Farocki. Desconfiar de las imágenes” 2020. Caja Negra. “Para criticar la violencia, uno tiene que describirla (lo que implica que uno tiene que ser capaz de mirar). Para describirla, uno tiene que desmantelar sus artefactos, “describir la relación”, como lo expresa Benjamin, en la que se constituye (lo que implica que uno tiene que ser capaz de desmontar y volver a montar los estados de las cosas).” p.34

4Es la misma Ley 122-05 de Fomento y Promoción para las Asociaciones Sin Fines de Lucro la que admite en uno de sus considerando que: “Que el régimen fiscal aplicable a las asociaciones es muy frágil, no tiene apoyo legal suficiente, y el mismo está disperso en diferentes leyes, las cuales podrían ser objeto de modificaciones y más aún de derogación.” Luego el Artículo 7 de la misma ley dice que “Art. 7.- Las asociaciones sin fines de lucro podrán prestar sus servicios técnicos y de asesoría a organismos públicos y privados, nacionales o a entidades extranjeras, mediante contratos, concursos o concesiones otorgadas en licitación pública, siempre que los beneficios obtenidos fruto de estos servicios sean destinados al objetivo de dicha institución.” (énfasis añadido). La ley puede consultarse en el siguiente enlace: https://www.aduanas.gob.do/media/2207/122-05_para_regulacion_y_fomento_asoc_sin_fines.pdf

5La Ley 122-05 establece la responsabilidad del Estado en el Capítulo V, Art.20, Párrafo: “El Estado promoverá y estimulará procesos de diálogo, diseño, actualización y adopción de normativas de autorregulación, código de ética o conducta, para las asociaciones sin fines de lucro, a partir de los hechos y circunstancias de las mismas, para asegurar la credibilidad, transparencia y racionalidad en el uso de los recursos públicos.”(énfasis añadido)

 6La grabación del programa puede verse completa aquí: https://www.youtube.com/watch?v=JyaWIRCD93Y 

7Al momento de la redacción de este artículo trascendió la publicación en YouTube del vídeo “Territorio en femenino”. La moderación del diálogo en el video estuvo a cargo de la Revista Arquitexto. Una pregunta que corresponde hacer al material es si estas figuras están cuestionando el estatus de sus distintas profesiones o si replican los modelos hegemónicos detrás de una retórica de género. ¿Cómo han incidido las teorías feministas en las formas en las que se hace gestión cultural y del patrimonio? ¿Qué pueden decir los textos sobre feminización de la pobreza con relación a los privilegios de clase y la disparidad de género?  ¿Cómo perpetúan las instituciones modelos verticales de gestión cultural? 

8La ministra de cultura Carmen Heredia fue comisaria invitada para el proyecto “Conexión” de Lidia León. Una instalación financiada con fondos privados pero que requería el aval del gobierno dominicano pues lo habitual es que el pabellón en representación de un país se otorgue por medio del concurso público y no como intercambios privados.  

 9El director del museo dijo además que no es “muy  aficionado al performance”.

 10¿Quiénes van a curar la anunciada exposición del artista argentino Leopoldo Maler? La respuesta a esta pregunta podría explicar muchos silencios notorios respecto a la organización de la 29 Bienal Nacional de Artes Visuales. 

11La metáfora con la que Ortega y Gasset abre su libro “Meditaciones del Quijote” (1914) es adentrarse en un bosque. 

12Algo en lo que Ortega y Gasset falló por afirmar tajantemente que Grecia era la cuna del mundo civilizado y  oponerse a posturas como las de Unamuno que hablaba de una ibero-africanidad. 

13Video del programa aquí https://www.youtube.com/watch?v=qqCJDpNnHNI 

 14Antes de la Gulf and Western, el Miss Universo pertenecía a una compañía de trajes de baño que usaba la plataforma del concurso para vender sus prendas de moda. 

15Otro momento de interés en la transmisión del certamen fue la cápsula dedicada a la religión católica y los sitios de peregrinaje mariano. 

16Carruaje que además estaba resguardado por una guardia pretoriana (!) y que llegó hasta el escenario del teatro. 

17Empachar: 1) cortedad, vergüenza, turbación. 2) dificultad, estorbo, causar aburrimiento por exceso. 3) Indigestión de la comida. 

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