En defensa de un trato justo a todas las personas

Por Virginia Antares

El límite de nuestra libertad es la dignidad de las demás personas; así mismo, el límite de la soberanía nacional es el respeto de los derechos humanos

El 10 diciembre se conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos, en ocasión al día en que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) en 1948. Esa declaración sirvió de base durante las décadas siguientes para la creación de un sistema internacional para proteger a todas las personas, que incluye múltiples tratados o convenios y una diversidad de organismos (comités, comisionados, consejos y cortes) que supervisan y evalúan su cumplimiento. 

Este sistema internacional de derechos humanos es un legado de las generaciones que sufrieron el horror de la Segunda Guerra Mundial y los regímenes totalitarios del siglo XX, quienes lo pensaron como una forma de prevenir que los Estados cometan abusos de poder (genocidios, tortura, represión política, etc.). 

En América Latina, si bien este sistema no ha podido prevenir los abusos de regímenes autoritarios, sí ha jugado un rol importante en apoyar los procesos de transición democrática, así como en asegurar justicia contra los crímenes cometidos por las sangrientas dictaduras de décadas pasadas. En la República Dominicana, fue la visita de representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 1961 lo que salvó la vida de muchos presos políticos, cuando el régimen trujillista se mantenía en pie con Balaguer como presidente. 

Hoy ese mismo sistema internacional nos sigue exigiendo que el Estado garantice un trato justo y respetuoso hacia todas las personas. En respuesta, algunas voces plantean que se trata de una injerencia o violación de la soberanía nacional e intentan deslegitimarlo. En ese sentido, es importantísimo recordar que debilitar al sistema internacional de derechos humanos es facilitar el terreno para que los Estados puedan cometer abusos de poder. 

¿Hubiera podido la Alemania de Hitler alegar soberanía nacional para exterminar a millones de personas? ¿Hubiese podido el régimen de Trujillo alegar soberanía para asesinar a las hermanas Mirabal? El respeto a los derechos humanos, es decir, el trato justo a todas las personas es el límite de nuestra soberanía nacional, así como el respeto a la dignidad de otras personas es el límite de nuestra libertad personal. En estos tiempos de crisis múltiples e interconectadas, lo que más nos conviene como ciudadanía, como Estado y como humanidad es apoyar y fortalecer el sistema internacional de derechos humanos. Los problemas o limitaciones que este sistema puede tener, al igual que los de la democracia, solo se resuelven fortaleciendo el propio sistema, no echándolo a un lado, porque cualquier alternativa que lo reemplace sería mucho peor.

Dejanos tu Comentario

*
*