La voluntad de enseñar en medio de una pandemia

Las tablets y computadoras no son la única garantía de una educación de calidad, eso lo demuestra la experiencia de varios maestros durante los últimos meses de clases del año escolar pasado al inicio de la pandemia del COVID-19. Luis Paling, un maestro de matemáticas de estudiantes de secundaria de una escuela pública, armó un canal de Youtube con una serie de vídeos de matemáticas para sus estudiantes. Sin embargo, no todos los profesores manejan plataformas digitales como Youtube, Zoom o Google Classroom, algunos ni siquiera tienen conocimientos básicos de cómo encender una computadora debido a brechas digitales que se profundizan con las edades de estos maestros, pero esto no limita sus capacidades porque “Los profesores somos luchadores de mil batallas”, como diría Juan de la Cruz, un profesor de Educación Física de una escuela de Pantoja. Estos profesores, con voluntad y vocación, encuentran la manera de cumplir con sus programas, utilizando Whatsapp, a través de llamadas telefónicas y hasta haciendo llegar las lecciones a las casas de los estudiantes. 

A punto de iniciar el nuevo año escolar, muchos de estos profesores temen la deserción escolar en instituciones públicas que se pueda producir al retrasar el inicio de clases hasta el 2021 y también el impacto económico que esta demora tendría en las instituciones privadas.

“No es que no se pueda iniciar las clases, es que no existe la voluntad para hacerlo”. 

Belkis Rodríguez es una maestra a tiempo completo. Su experiencia dando clases a múltiples grupos durante la pandemia le permitió ser testigo de lo diverso que puede resultar la educación a distancia. 

Pese a que algunos alegan que el país no está listo para iniciar las clases este año, para Belkis esto representa serias amenazas: “Eso desconectará totalmente el enfoque de los estudiantes de las escuelas… Eso sería desastroso. Cuando entremos en enero, recibiremos a los estudiantes vacíos, con muy poca disposición”.

Como maestra todo terreno, Belkis no se ha detenido en su intento de mantener a sus estudiantes estimulados a través de las plataformas sociales aún habiendo terminado las clases: “Hasta ahora yo sigo con mis grupos, mandando saluditos, les mando juegos y aplicaciones. En mi caso, evitando que eso se pierda. Pero empezar en enero, la desconexión sería total”.

¿Cómo se preparó para las clases cuando inició la pandemia? En la pequeña escuela donde Belkis imparte Lengua Española, ella misma se encargó de armar los grupos de Whatsapp e impartir una conferencia para que sus alumnos aprendieran a usar Classroom. A pesar de que estos se mostraban reacios a usar estas plataformas, con el tiempo aprendieron a trabajar en ellas. No todos utilizaron Classroom, la mayoría de los maestros se manejaron por whatsapp. “En mi caso todos respondieron. Conozco estudiantes de este mismo grado que no le respondieron a Sociales, no le respondieron a otros maestros estando en mi clase. Yo creo que depende de los maestros”. 

Sobre empezar las clases este año, Belkis afirma que lo único que hace falta es trabajo y voluntad: “Yo trabajo en el sector público en un barrio, en Santiago, en el Ensanche Espaillat, una escuelita muy pequeña y muy humilde. Pero ahí todo el mundo tiene su equipo electrónico. Lo que no tienen es quizás la conectividad 24 horas porque en el sector quizás no hay energía eléctrica 24 horas, que eso puede ser un tema a tratar. No hay que dejarle todo al ministerio. Yo tengo todas mis clases planificadas de manera virtual”.

Con respecto a los riesgos de ausencia en clases virtuales, Belkis cuenta que algunos estudiantes no respondieron, sin embargo, no desistió en contactarlos. Ahora, finalmente, esos estudiantes se están poniendo al día con la materia en un grupo de Whatsapp aparte. 

Belkis también conoce muy bien la realidad de las escuelas privadas, que ahora se encuentran en riesgo debido al retraso del inicio de clases: “No estamos pensando en que la institución privada es una empresa, que tiene un personal. Yo no creo que el colegio privado pueda mantener su personal si deciden abrir en enero. Tendrían que ser despedidos o aguantarse con FASE hasta diciembre. Quedaría afectada una gran parte de esa población. Daría mucha pena”.

“Los profesores somos luchadores de todo terreno” 

Juan de la Cruz imparte Educación Física en 17 secciones en una escuela pública. Utilizando Whatsapp, sus clases no se detuvieron en ningún momento: “Los profesores somos luchadores de todo terreno y de mil batallas. El profesor se la ingenia, buscando estrategias”. 

Cuando empezó la pandemia, Juan cuenta que todos los profesores se encargaron de armar los grupos de Whatsapp. Los niños tenían que filmarse o tomarle fotos a sus tareas, esta actividad tan inusual. Provocó la integración de toda la familia, algo que Juan calificó como una experiencia muy emotiva. No todos los niños contaban con celulares, sin embargo, como son de la misma comunidad (Pantoja), otros niños les prestaban sus aparatos para que estos cumplieran con sus tareas. 

Pero no todo fue sencillo, a algunos estudiantes hubo que buscarles alternativas porque sus padres trabajaban hasta tarde y hasta que estos no llegaran, no tenían acceso a la tarea. Sin embargo, Juan dice que trabajaron 24/7 para que los niños no se detuvieran: “Algunos padres se quejaban porque los domingos no había descanso. Pero es un sacrificio necesario, la situación lo ameritaba”. 

Juan cuenta que el promedio de deserción en su escuela es de entre 1 y 3 estudiantes por grado anualmente. Esta cifra puede empeorar de retrasar la fecha de inicio de clases: “Eso sería catastrófico. Lo correcto sería que inicie normal, aunque sea virtual. Dando una que otra facilidad para que el niño tenga acceso a las clases. Cuatro meses desconectado es como salir del aire. Sería comenzar casi en cero”. Ante la pregunta de si estaría dispuesto a regresar a ese sacrificio, en el que la virtualidad, la distancia y el poco control de las situaciones de los niños en sus hogares lo harán volver a jornadas de trabajo ilimitadas, Juan nos demuestra, con su respuesta, la esencia de enseñar: “Esa es una motivación y una satisfacción para nosotros los profesores, porque los niños no se salen de control, lo mantenemos aprendiendo y al alcance”. 

Es por eso que Juan recomienda empezar normal. “Verdaderamente no se puede esperar. Lo correcto sería dar inicios y en el camino vamos arreglando la carga”. 

“El maestro con vocación busca la forma de cómo hacer que los estudiantes adquieran sus conocimientos en esta pandemia” 

Luis Paling es un profesor de matemáticas muy dinámico. Cuando empezó la pandemia, inmediatamente empezó con su docencia vía Whatsapp, Zoom y Edmodo. Luis sabe muy bien cómo una plataforma se complementa con la otra, por eso, realizaba las correcciones utilizando Zoom y utilizaba Youtube para los tutoriales. “Me di cuenta que esos videos de matemáticas de Youtube eran demasiados adelantados. Tuve que crear un canal de Youtube para que ellos vean los videos e hicieran la tarea”. Sin embargo, el caso de Luis es atípico, porque según él, la mayoría de los profesores del sector público no tienen manejo de la tecnología. Por eso, admite que iniciar el año virtual sería “un poco cuesta arriba”, porque la mayoría de los profesores solo maneja Whatsapp, además de la brecha digital que existe en estudiantes de estratos sociales más bajos:  “Las tablets y las computadoras no te aseguran nada porque el 80% de los estudiantes públicos son pobres, no todos van a tener internet todos los días”.  

Sin embargo, tomando en cuenta el riesgo de deserción, también considera que se podría iniciar en septiembre para no perder el ritmo. “Podemos empezar en septiembre de una manera paulatina, con una integración poco a poco de los estudiantes. El 20% de los estudiantes no llegan a un segundo de bachillerato por la deserción, pudiéramos mitigar un poco eso iniciando paulatinamente de una forma que no se pierda el año”.

Los grupos más vulnerables de la educación a distancia son los estudiantes más adultos. “De un sexto de secundaria, los adultos muchos no están en eso. Yo tuve un promedio de un 50-55% de estudiantes de último curso. Y de los estudiantes más jóvenes, tuve un 80%”. En el caso de los estudiantes que no acceden, las escuelas se encargan de ponerse en contacto con los padres y estudiantes. Sin embargo, esto es una muestra de la necesidad de no retrasar el inicio del año escolar, porque los mayores pueden tener mayor riesgo de desertar. 

La flexibilidad ha sido clave, no solo porque la pandemia nos tomó por sorpresa, sino porque cada maestro y cada director conoce su comunidad y lo heterogéneo de la enseñanza: no todos los estudiantes tienen situaciones similares ni aprenden de la misma manera. La distancia y virtualidad han sido un reto que los maestros han asumido con responsabilidad. Tras largos años de lucha para que disminuya la deserción escolar en República Dominicana, la pandemia nos trae otro reto: que la educación siga. A la fecha de hoy, debido a la falta de definición de fecha de inicio, hay una baja de registros en una fecha donde suelen estar completos. La deserción en educación podría ser tan nefasta como el resto de los efectos económicos y sanitarios que ya nos plantea la pandemia, porque la educación es necesaria para la cohesión y la estabilidad de nuestra sociedad.

Los profesores, directores y el apoyo familiar han sido tan esenciales como el trabajo de los médicos y enfermeros durante la pandemia, sacrificando largas horas de su día para que la curva de deserción no tenga un pico. No podemos fallar a mitad de camino. Si se retrasa el inicio de clases, probablemente, mucho de su esfuerzo habrá sido en vano.

Dejanos tu Comentario

*
*