¿Menos dinero o mejores partidos?

Por Franiel Genao

Será muy difícil encontrar en el sistema político dominicano, dentro de los partidos reconocidos legalmente y que cuentan con representación legislativa o de gobierno, como de aquellos que no, una posición contraria a la propuesta del presidente de la República de pactar una reducción de los fondos públicos destinados a estas organizaciones para el año 2021 de un 50%, que según indicó serán recursos destinados a la construcción de un recinto de la UASD en el municipio de Santo Domingo Este. 

Esta propuesta es una oportunidad para el debate sobre el financiamiento público de la actividad política y electoral en el país que adquiere institucionalidad a raíz de las reformas electorales, producto de la crisis post-electoral del año 1994, como parte de una serie de propuestas inicialmente impulsadas por el entonces líder del PRD José Francisco Peña Gomez y asumidas por las demás organizaciones partidarias. 

El alto costo del ejercicio político es todavía un reto que tenemos por delante a superar para reducir las desigualdades y obstáculos en la participación democrática, que lamentablemente no pudimos regular con mayores contrapesos en las deficitarias leyes de partidos y agrupaciones políticos, como de régimen electoral aprobadas previo a las elecciones del 2020. 

La coyuntura da sentido y obliga a ese recorte propuesto para un año donde la intensidad del ejercicio político disminuye considerablemente, pero por la importancia y el papel que juegan los partidos políticos como dispositivos de la gente para organizarse en un sistema democratico no se puede asumir posiciones totalitarias que terminen reduciendo aún más los espacios de participación, como además la diversidad de actores que verían afectado su posibilidad de estar presentes.  

Por lo que es vital discutir con claridad y sinceridad el cómo y los quienes de esta reducción, pues no es lo mismo el 50% que reciben los partidos considerados legalmente “mayoritarios” y aquellos que son “minoritarios”, pues hay una diferencia abismal entre unos y otros. 

A la par de que debe ser un recorte equitativo y justo, es importante que el Poder Ejecutivo también explore además las exoneraciones, incentivos e inversión del sector público en diversos sectores económicos del país que no son ya ni estratégicos, ni responden a la necesidad del momento que es priorizar el gasto en salud para una gestión eficiente de la pandemia,  y la necesaria reactivación paulatina del aparato productivo ante la crisis económica que nos va instalando el Covid-19. 

Es importante además en momentos como estos donde el ruido mediático se siente ensordecedor no ceder a los lugares comunes que plantea la antipolítica que llama no a un 50%, sino a la eliminación total del financiamiento, pintando a los políticos como la Caja de Pandora de todos nuestros males, porque no es así.

Lo que sí es cierto es que la clase política hegemónica sirve de sostén como meros administradores de un modelo económico y social que da la espalda a los derechos que debe garantizar el Estado en su función esencial de proteger a la gente. De esas complicidades silentes es de donde provienen nuestros verdaderos fantasmas y carencias.

Por eso, el reto es mejorar la calidad de los partidos políticos para lograr superar la desconexión con la sociedad actual y sus causas, que no sean sólo contingentes aglutinados alrededor de fechas electorales e intereses corporativos, sino que puedan servir de verdaderos instrumentos políticos adscritos a visiones y valores comprometidos con fortalecer un horizonte más pleno y justo con todos y todas. 

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