Neoliberalismo y reducción del Estado

por Elvin Calcaño


El neoliberalismo no reduce al Estado sino que lo redefine a partir de una racionalidad económica. Y, parafraseando a Carl Schmitt, decimos que al ser en la política donde radica la soberanía entendida como la capacidad y legitimidad del poder político para decidir en nombre de todos, pues el neoliberalismo siempre recurrirá al Estado para instalar su proyecto. Una vez ahí, justamente lo redefine en un sentido económico. Lo que Wendy Brown define como la “racionalidad rectora neoliberal” reestructura en buena medida el aparato e institucionalidad estatal. A nivel de la disputa política concreta esto hace que el neoliberalismo se pueda presentar como nacionalista e identitario que es lo que ocurre hoy con figuras como Trump, Bolsonaro y las extremas derechas europeas que son profundamente nacionalistas y al mismo tiempo marcadamente neoliberales. Son neoliberales no porque precisamente reducen el Estado cuando alcanzan el poder, sino porque por una cuestión ideológica (son de derechas) y de intereses de clase (son ricos o representan intereses de élites económicas) lo readaptan para que opere conforme a criterios orientados por la acumulación.  

En el campo cultural esto tiende a provocar que las izquierdas pierdan terreno. Porque no interpretan bien la ubicuidad del neoliberalismo: su capacidad para, por ejemplo, a nivel del discurso operar como crítica al Estado y en la práctica instaurar una brutal dominación y lógica de concentración por medio del Estado mismo. También, que los proyectos neoliberales no terminen finalmente reduciendo el Estado entendido éste como relación social (Jessop). En Estados Unido en los últimos 30 años, como bien explica Jonathan Tepper, el neoliberalismo ha creado un marco de desregulación que ha devenido en una economía de oligopolios y, con ello, niveles de desigualdad inéditos porque la riqueza está cada vez más concentrada. Este autor no lo dice porque su análisis es meramente económico, sin embargo, esa desregulación estatal se ha hecho justamente redefiniendo el Estado en términos económicos que no porque éste se haya reducido. Sigue habiendo Estado en E.U. pero uno reestructurado para asegurar esa concentración. 

Despedir empleados públicos y eliminar ministerios es reducción del Estado en un análisis limitado a datos económicos o de narrativa de izquierda estatalista. Sin embargo, en términos del poder político, y del Estado entendido como una relación, puede implicar incluso reforzar el ámbito estatal. Solo que reforzado en tanto redefinido respecto a su rol en y con la sociedad. En el fondo el poder político nunca desaparece y es discutible que se pueda reducir. Si ello realmente fuera posible pues los neoliberales gobernaran únicamente desde la sociedad. Al contrario, están preocupados por la política y el Estado todo el tiempo: a través de sus famosas fundaciones, dominando medios de comunicación, creando partidos políticos y ganando elecciones tras presentarse electoralmente de todo tipo de formas. Siempre se necesita el poder político, esto es, el Estado para configurar la sociedad según los intereses, proyectos y visiones de los grupos organizados que disputan por espacios de poder. El poder político (donde reside lo estatal) hace referencia a un general en el que se reconoce toda la sociedad, y por ello su carácter legítimo. Y el neoliberalismo lo sabe y va por él. Para redefinirlo que no reducirlo realmente. 

Las izquierdas han tendido a no prestar atención al carácter complejo por cuanto ubicuo y cambiante del neoliberalismo. Por ello, opino, hasta llegan a aburrir agitando fantasmas del neoliberalismo como lo que “acabará con el Estado”. Cosa que nunca pasa ni pasará. En todo caso, a nivel ideológico hay gente que hasta disfruta cuando gobiernos neoliberales despiden miles de empleados públicos: se reduce el “Estado obeso” celebran algunos. Pero ese mismo Estado los domina como nunca sólo que a través de una racionalidad económica y desde dispositivos discursivos que se presentan como alternativa de más “libertad”. Los sectores políticos neoliberales no paran de hablar y prometer “libertad”. La cual, en el fondo, se trata de la libertad neoliberal del sálvese quién pueda donde la desigualdad se naturaliza como normal en tanto producto de la competencia. Unos pierden y otros ganan de modo que es normal que haya desigualdades por crecientes que sean. El individuo neoliberalizado reconoce la competencia como lo propio de la libertad. Y a la política, esto es, al Estado como lo que representa límites a su libertad debido a su carácter impositivo e imperativo. Ese individuo no quiere Estado sino ser “libre” para competir. 

En la medida de que esta racionalidad se ha ido convirtiendo en el sentido común dominante de esta época, tiende a fortalecerse, al mismo tiempo, una lógica de política negativa. La gente no quiere política ni políticos pues los asocian con lo contrario al deseo de libertad que persiguen. En tanto abanderado de esa forma de libertad, el neoliberalismo tiende a recurrir a la lógica de la antipolítica. Siendo que, como vimos, sin política y sin Estado es imposible que avance en sus proyectos y objetivos. Precisa de la política para reconfigurar la sociedad en tanto “racionalidad rectora” decimos volviendo a Wendy Brown. El neoliberalismo juega dentro lo que, hegelianamente decimos, es el espíritu de la época. Su ubicuidad es propia también de estos tiempos. Las izquierdas, que parten perdiendo en esta disputa porque juegan fuera de dicho espíritu de la época, deben comprender mejor todo esto para combatirlo con mayor efectividad. Porque, eso sí, sólo en las izquierdas y progresismos en general se encuentran alternativas a esta racionalidad que vendiendo libertad está llenando nuestras sociedades de niveles de desigualdad éticamente inaceptables. Con los estados, no reducidos, al servicio de dicha racionalidad.  

Twitter del autor: @elvin_calcano24

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