¿Para qué el diálogo nacional?

por Franiel Genao 

Para este próximo 15 de septiembre están convocados a volverse a reunir los partidos políticos con representación en el Congreso Nacional, como los demás integrantes del Consejo Económico y Social (CES) que se encontraron el pasado lunes 30 de agosto a instancias del llamado del presidente de la República de iniciar un diálogo nacional con el objetivo de “consensuar los cambios y transformaciones que demanda el país”. 

En en una carta al director del CES, el presidente Abinader, para motorizar dicho encuentro, enumeró los diversos temas que el gobierno está dispuesto a debatir, que son; 1) la reforma a la Constitución, 2) la reforma a la transparencia y la institucionalidad, 3) la reforma al sector eléctrico, 4) del agua, 5) de la Policía Nacional, 6) la modernización del Estado, 7) la calidad educativa, 8) la Seguridad Social, 9) el transporte, 10) la transformación digital, 11) la reforma fiscal, 12) laboral y 13) la reforma al mercado de los hidrocarburos. 

El Gobierno que fue representado por la vicepresidenta de la República y el Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, ni durante el encuentro ni posterior al mismo, o al menos no a la fecha de la publicación de este texto, han presentaron en detalle cuales son los planteamientos respecto a cada uno de estos temas que entienden que debe ser el punto de partida para el debate. Lo que terminó convirtiendo este primer encuentro en dos horas de salutaciones, buenas intenciones y buenas fotografías para llenar cuartillas en la prensa. 

A una semana de la próxima reunión en la que se ha anunciado la posible presencia de presidente, el gobierno tienen el reto y el deber de presentar no solo a los partidos e integrantes del CES involucrados en el diálogo, sino a todo el país, la ruta que asumen con cada una de las reformas que se pretende impulsar. 

Además de que debe quedar claro qué va a suceder con las reformas y procesos que el mismo gobierno está impulsando o ha realizando a la fecha con temas que se están colocando en la mesa de debate, tal como el pacto eléctrico, el pacto por el agua o la reforma de la policía, para mencionar algunos. 

Si una palabra está asociada con fuerza al ejercicio político, es la palabra diálogo. Sin conversación con el otro, la política como actividad humana pierde su sentido democrático. Esa conversación tiene que ser asertiva y positiva para las partes involucradas, pero sobre todo, para lo que está de fondo, que es el país en sus 48 mil kilómetros cuadrados de isla compartida y los más de 10 millones de habitantes que nos encontramos tratando de vivir. 

Lo importante va ser el enfoque y relevancia que se le dé a cada tema, porque eso es lo que va a dictaminar al final el para qué de este diálogo nacional en proceso, lo que nos dirán sí el mismo tiene vocación de verdadera transformación y cambio o solo es un espacio para el acuerdo de las élites y las fotografías anti históricas de las que están llenadas los pasillos de las hemerotecas.

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