Uno se ríe pero es verdad: Sobre Iniciación al Baltrí

por Ernesto Rivera 

Los libros quedan afirma el seudónimo Ninguna Persona/Foldspoon en la carta al lector de Iniciación al Baltrí, reciente publicación bajo el sello editorial Kdepianista. La portada está compuesta por los tres colores primarios es un diseño simple hasta el punto que podríamos fácilmente confundirlo con un cuaderno de caligrafía escolar. El libro insinúa la instrucción básica. En una de las múltiples entradas en la cuenta de Instagram lo comparan con el manual de alfabetización Nacho. “El primer Baltrí” fue una peripecia imprimirlo y requirió la cooperación económica de seguidores de la cuenta. El libro ofrece una mirada retrospectiva y compendiada de la trayectoria digital del proyecto en las redes sociales. Al mismo tiempo lo presentan como instaurador en su clase, es decir, el primer libro sobre memes dominicanos. Esa vocación de resumen contrasta con la prosa inquietante, compulsiva y virulenta de sus páginas. Baltrí, la marca, es un anglicismo para “bad trip”, literalmente un mal viaje psicodélico que señala otros comportamientos como el extranjerismo y la cultura del tomar prestado. Pocas veces encontramos una síntesis tan compleja de nuestras identidades múltiples.  

La Iniciación al Baltrí tiene dos subtítulos. Uno comercial, expuesto en la cubierta: “Siete Años de Memética Kiskeyana al Alcance de tu Bolsillo”, y el segundo que replica y modifica el primero con datos nuevos: “Siete Años de Memética e Ingeniería Social Dominicana al Alcance de tu Mano”. En todo caso, un proyecto cultural de casi una década que en República Dominicana no es poca cosa si se toma en consideración la franca desprotección que enfrenta la comunidad creativa del país. El nombre de la editorial es un chiste en sí mismo. Kdepianista recupera de nuestro imaginario colectivo el estrafalario piano de cola, primer premio de la rifa que hicieron los organizadores de un festival de jazz en una lujosa plaza comercial de Santo Domingo. Desde luego, el interés de Baltrí es retratar las lógicas de pensamiento que alimentan la dominicanidad empleando el humor local, que es difícil de traducir y de trasladar más allá de su contexto inmediato1

Iniciación al Baltrí es un libro de artista, y como tal, su valor. La forma de su lectura es más bien un ejercicio performático. Es decir, se asiste al libro como se haría a un acto impredecible, no sabiendo muy bien cuáles son los sobresaltos y las contingencias en las páginas que siguen. La impredictibilidad es una cualidad que Baltrí comparte con otras referencias editoriales históricas. En el libro “Caricatura y Dibujo en Santo Domingo” (1977) el historiador dominicano Emilio Rodríguez Demorizi recopila todas las ediciones de la revista “El Lápiz” que circuló entre 1891-1892. Dice Rodríguez Demorizi que la caricatura en el país surgió para resistir las arbitrariedades del poder y como herramienta de combate político, particularmente durante la caída del dictador Ulises Heureaux (Lilís) y la primera ocupación Norteamericana en 1916. Ciertamente, un meme y una caricatura no son la misma cosa. Para el meme, la relación entre imagen y palabras parece ser más determinante. La autoría del meme es absolutamente irrelevante porque la urgencia es su difusión masiva, su reproductibilidad. En cambio, tienen en común el interés por la sátira y demostrar agilidad gráfica. Probablemente, el meme ha liberado a la caricatura de su gravedad política o en cambio la obliga a ser más estratégica en sus manifestaciones. 

Baltrí insiste en su papel de resistencia política, concentrándose en los usos y costumbres del meme político en las redes sociales y sus efectos en las recientes manifestaciones de protesta. Al menos eso declaran en el libro, en donde dedican una amplia porción rastreando sus incursiones en los asuntos públicos. Incluso hacen declaraciones temerarias comparando los memes con un “ejercicio de la democracia” o como una “entidad de cambio social”. Esas cosas son claramente exageraciones que caben dentro de un libro de vocación hiperbólica que no puede leerse ni como un manual de ciencias políticas, ni como un tratado literario, sino como lo que es: un libro sobre memes. 

Al ritmo que van las cosas sería ilusorio pensar que los memes son agentes de transformación sociales. No necesita demostración decir que a los políticos y empresarios corruptos poco les importa ser víctimas de las burlas, más aún si han perdido completamente la vergüenza2. Ahora que la democracia internacional pende de un hilo, solo los aprietos de los tribunales parecen frenar los apetitos desmedidos por el poder. De ser así, el meme político en la era post-pandémica y post-trumpismo solo pone en evidencia las fallas del sistema de justicia y las víctimas recurriendo a la risa como el único paliativo contra sus tragedias. A partir de 2016 los memes políticos parecen funcionar más como válvulas para el desahogo colectivo frente a la impotencia del fracaso de la gobernanza. Consecuentemente, otras formas de contestación política más sobrias empiezan a revalorizarse. ¿Acaso sería posible un híbrido entre ambas discursividades de la acción política directa? Creo que eso va pasando poco a poco gracias al trabajo de análisis político que realizan nuevas plataformas como El Mitin, para citar un ejemplo.   

Volviendo al Baltrí, en la publicación desfilan referencias académicas muy serias, y otras no tanto como Pirín o Colón. Preciso insistir que el libro se burla del formato libro como objeto de validación social3. Abundan las apropiaciones de discursos religiosos, médicos, legales, tecnológicos o sociales. Un dato revelador es la cita a la emblemática revista La Vaina (1999) en la cual Baltrí ve un antecedente. En adición, me atrevo a establecer otros vínculos posibles. Por el uso de aliteraciones y las referencias a la oralidad existe cierta conexión con la Revista Lengua (2008) o el famoso “Descubrimiento de América” (2001) del programa radial ¿Cuál es tu versión?. En el campo de lo pictórico la obra de la artista Hulda Guzmán “Omega se casa con mi hermana” (2009) o “Yo soy la salsa” (2004) de Raúl Recio, son puentes con otras disciplinas que traducen tensiones sociales y usan el detritus cultural como material de trabajo artístico4. Es decir, a pesar del sofocante limbo en el que se encuentra la producción cultural dominicana desde hace veinte años y de las intermisiones por motivos económicos o políticos, el ambiente local ha sido un caldo de cultivo de propuestas interesantes. Al respecto, Baltrí tiene habilitado en su sitio web una extraña sala 3D que podría apuntar a futuros campos de exploración creativa comunitaria. 


Finalmente, Iniciación al Baltrí es una publicación de colección para interesados en la relación del arte y la política. Es además un material de consulta para diseñadores gráficos, publicistas y artistas visuales, así como investigadoras indagando la idiosincrasia dominicana. Por supuesto, el libro cabe perfectamente en una maleta como regalo de viaje. Decía el escritor argentino Ricardo Piglia, que inventar relatos es el único poder del Estado y el único que podemos retomar. Iniciación al Baltrí es una reflexión estética que remite a un proyecto cultural local trabajando situaciones opacas y empleando la típica glosolalia significante como una zona de encuentro transversal, así sea a través de la risa.

1 Otros proyectos editoriales de la región coinciden en esa forma de trabajo. Solo para citar un ejemplo que también tiene la forma de libro es El Chingonario (2010) de editorial Algarabía en México. 

2 A veces dan la impresión de todo lo contrario, que el escarnio público les alimenta el ego y que ellos mismos sirven en bandeja los motivos para volverse memes.

3 ¿Qué significa publicar un libro en la República Dominicana luego de El Manual de la Chapiadora?, ¿Qué significa conducir un programa de televisión después de El Pachá? Son preguntas que francamente necesitan hacerse. En Santo Domingo se imprimen y distribuyen más folletos de supermercados que libros.  

4 Véase por ejemplo, las propuestas artísticas de jóvenes como Fidel López, Leudy Martínez Maquez, Manuel Mera, Nara Winston, Virgilio López. 

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