Tira la palanca y endereza

Por Samuel Bonilla

Desde hace mucho tiempo los gobiernos dominicanos hablan de la “estabilidad macroeconómica” como si mantener el estatus quo de la política económica en la República Dominicana fuera una obligación. En época electoral hasta se utiliza como lema de campaña para lograr el apoyo de los sectores más acomodados y con posibilidad de donar a los y las candidatas. ¿Es beneficiosa dicha estabilidad?

En términos generales, la estabilidad macroeconómica se refiere a la garantía de un entorno en el que agentes económicos nacionales e internacionales confían e impulsan los adecuados niveles de inversión para maximizar la producción. A pesar de ser un concepto utilizado con relativa frecuencia entre economistas, el concepto de estabilidad macroeconómica surge como discurso y propaganda electoral a partir de la crisis financiera que estalló durante la segunda mitad del gobierno del ex-presidente Hipólito Mejía (2002-2004).

En medio de la crisis y en plena campaña electoral, Leonel Fernández y el Partido de la Liberación Dominicana instalaron en el imaginario dominicano dos caras de una misma moneda. Por un lado, el entonces partido opositor se aseguraba de que el pueblo dominicano responsabilizara a Hipólito Mejía y al partido de gobierno de la crisis económica. El PLD vendió (con éxito) la idea de que votar por los gobiernos del PRD (actual PRM) y sus liderazgos implicaba el alza descontrolada de precios, la devaluación del peso dominicano respecto del dólar estadounidense, la fuga de capitales y la destrucción de riquezas.

Casi como canto popular, el expresidente Fernández decía: “♫ ¿Y quién te subió la luz? ♫” y la gente respondía “Hipólito”. “♫ ¿Y quién te subió los huevos? ♫” Y la gente repetía: “Hipólito”. 

La pérdida de uno era la ganancia del otro. La otra cara de la moneda mostraba a Fernández posicionando a su entonces organización como la única garantía de crecimiento económico sostenido. Y no fue sino hasta dieciséis años después, en el año 2020, que el desgaste del PLD se materializó en derrota electoral. Pero muy a pesar de la derrota y con ligeras diferencias, vemos a un PRM encabezado por Luis Abinader resucitar elementos del viejo discurso peledeísta.

Para explicar la resiliencia de la esencia del discurso peledeísta – ahora PRMista, volvamos a la definición de estabilidad macroeconómica. Decíamos que la estabilidad macroeconómica se refiere a la garantía de un entorno en el que agentes económicos confían e impulsan los adecuados niveles de inversión para maximizar la producción y el empleo. De esta definición destaco tres aspectos importantes para la conversación.

En primer lugar, la estabilidad macroeconómica es el resultado de las decisiones que desde el Estado se toman. Si bien la economía global y otros factores externos inciden en el desempeño económico de la República Dominicana, es el Estado el responsable de garantizar sus objetivos de política. Dicho de otra manera, todas las decisiones que desde el Estado se toman afectan los niveles de confianza en el potencial de la economía dominicana.

Más importante aún, destaco los propios objetivos de la política económica pues son ellos la prioridad del gobierno. El discurso económico del PLD no sólo buscó enterrar electoralmente a Hipólito Mejía. También era el reflejo de un pensamiento centrado en el crecimiento económico como fin último; la creación de riquezas como fin y no como medio al servicio de la gente.

A pesar de la pobreza generalizada que nos caracteriza como país, del déficit de viviendas, de una mayoría de dominicanas y dominicanos asalariados que no ingresa lo suficiente para cubrir la canasta básica familiar, muy a pesar de la informalidad y de la la desprotección estatal que acompaña a más de la mitad de los trabajadores dominicanos, a pesar de ostentar uno de los sistemas educativos más deficientes en la región latinoamericana, a pesar de vivir con un sistema de salud y de seguridad social colapsado… muy a pesar de todo eso, el PLD prometía y celebraba la estabilidad macroeconómica. ¿No les parece extraño? ¿Cuál habrá sido el motivo de la celebración?

Lo cierto es que esa falsa realidad de “éxito” de la mano de tanta pobreza nos enseña mucho sobre la lógica de la estabilidad. La estabilidad no es ni buena ni mala, es costumbre y continuidad. A pesar de parecer reflejar logros positivos, la estabilidad puede estar al servicio de intereses muy peligrosos. Pensemos por ejemplo en nuestra predisposición para con lo estable versus lo cambiante e incierto. Lo bueno o lo malo depende del lugar en el que nos encontramos. Si vivimos en la pobreza, posiblemente recibamos el cambio con los mejores ojos. Si por el contrario vivimos acomodados, probablemente estaríamos escépticos ante la posibilidad de algo distinto.

Y precisamente ese es mi argumento hoy: la estabilidad macroeconómica tal y como la piensan los partidos que han gobernado le cuesta la vida a la mayoría de los dominicanos. El desarrollo y el crecimiento económico pueden guardar una estrecha relación, pero no son equiparables. Al poner a la economía por encima de la gente, la estabilidad macroeconómica ignoró y sigue ignorando el más importante desafío que como país tenemos: la desigualdad económica y social.

Como si no fuera poco, esa lógica de creación y concentración de riquezas se reproduce en el seno del Poder Ejecutivo y del PRM. La primera evidencia de esto fue la ratificación del eterno Héctor Valdez Albizu al frente del Banco Central. A pesar de ser Valdez Albizu el ancla del “éxito peledeísta” en materia económica, Luis Abinader, incapaz de reconocer que la política económica olvidaba a la gente, priorizó la confianza del empresariado y los bancos en su gestión. Por eso no debe sorprender que los principales beneficiarios de dicha decisión, los ya acomodados, celebraran la ratificación.

La segunda muestra la vemos en el manejo generalizado que ha brindado el gobierno a la pandemia. En lugar de entender que es en medio de una pandemia como la que vivimos el momento en el que más necesitamos del Estado, Abinader prefirió cerrar las escuelas y los colegios antes que enfrentar a los sectores económicos responsables de la propagación del virus. Mientras los niños, niñas y adolescentes en República Dominicana perdían un año escolar y mucho futuro, los bares, restaurantes, hoteles y negocios en general seguían abiertos al público. El propio gobierno nunca dejó de organizar sus actos multitudinarios en el Palacio Nacional.

Tercero, y a propósito de la comunicación oficial, basta con ver las prioridades que ella exhibe: la recuperación del turismo y el empleo, no la gente y sus derechos fundamentales. 

Finalmente, podríamos pensar en la pobreza que caracteriza a los bienes y servicios públicos, un recuerdo diario de que en un mismo país existen bienes y servicios para ricos y bienes y servicios para pobres. 

En tanto la estabilidad macroeconómica se enfoque única y exclusivamente en el crecimiento económico, sobre todo en un país donde la actividad económica está altamente concentrada y dirigida por pocos grupos económicos, ella seguirá al servicio de los más pudientes. ¿Es importante el crecimiento económico? Sí, importantísimo, pero sin duda alguna insuficiente.

Por eso la importancia de una política alternativa y progresista que tenga como prioridad poner fin a la desigualdad y la pobreza imperante a través de políticas de cuidado y redistribución de rentas; por eso la importancia de un gobierno que no olvide a la gente y que sepa distinguir entre medios y fines. 

Hoy más que nunca urge respaldemos a la política que entiende que acabar con la vieja lógica de la estabilidad dominicana no implica crisis. Todo lo contrario. La estabilidad que propongo que impulsemos es aquella donde todas y todos participamos de las decisiones del colectivo y vivimos bien.

Propongo que respaldemos a las y los políticos que piensan en la desigualdad y no sólo en materia económica, a los políticos que entienden que lo económico no está divorciado del poder político y social.  Debemos dejar en el pasado a los gobiernos que utilizan a la mujer como objeto de campaña para luego olvidarla. Brindemos nuestro apoyo a quienes buscan la inclusión de las causales en el Código Penal, a quienes busquen una licencia de paternidad igual a la de maternidad. 

Si queremos romper con la lógica impuesta hasta hoy, debemos impulsar un nuevo código de trabajo que proteja a las mujeres que hacen la mayor parte del trabajo doméstico, debemos apoyar a las y los políticos que se proponen desconcentrar el presupuesto nacional a nivel territorial y de sectores. Nos toca abogar por una política fiscal que cargue a quienes más tienen, no a quienes luchan por sobrevivir el día a día. 

No menos importante, debemos apoyar a quienes buscan poner fin a la corrupción y la impunidad por entender que son los pobres quienes más sufren sus consecuencias.

Precisamente de lo que trata la buena política es de crecer y redistribuir para no dejar a nadie atrás. Si la política es para todas y todos, entonces todas y todos deberán disfrutar de lo que el Estado dominicano tiene para ofrecer.

Foto de portada: Maurice Sánchez

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